Error de Gestión #3: Cuando el problema no es la empresa, sino el mapa con el que la diriges

El mapa no es el Territorio

En el primer artículo de esta serie, ¿Puede una empresa vender más y terminar perdiendo dinero?, analizamos el caso de una organización que aparentemente estaba haciendo muchas cosas bien.

  • Conservaba a su cliente principal.
  • Mantenía prácticamente el mismo volumen de producción.
  • La planta seguía trabajando.
  • Los embarques continuaban.
  • Había conseguido el 100 % de la proveeduría de uno de sus productos.
  • Y, al tercer año, facturaba incluso más que al principio.

Sin embargo, algo profundamente contradictorio estaba ocurriendo.

La empresa pasó de obtener 19,8 millones de pesos de utilidad a registrar una pérdida de 785 mil pesos. [productivi...ategia.com]. ¿Cómo puede una empresa vender más y terminar perdiendo dinero?

Pero hay una pregunta todavía más inquietante:

¿Cómo es posible que una organización con directivos experimentados, información disponible y tres años para observar lo que estaba sucediendo no detectara a tiempo hacia dónde se dirigía?

La respuesta nos lleva más allá de la contabilidad de costes. Nos lleva a la forma en que interpretamos la realidad.

El mapa no es el territorio

Existe un principio ampliamente conocido en la Programación Neurolingüística:

El mapa no es el territorio.

La frase parece sencilla, pero aplicada a la dirección empresarial adquiere una enorme profundidad.

  • El territorio es la realidad.
  • El mapa es la representación que construimos de esa realidad.

En una empresa, el territorio está constituido por lo que verdaderamente está sucediendo:

  • ventas;
  • costes;
  • márgenes;
  • productividad;
  • desperdicios;
  • rentabilidad;
  • capacidades y limitaciones de los procesos.

El mapa, en cambio, está formado por la manera en que interpretamos esa información. Es el conjunto de experiencias, creencias, supuestos y conclusiones que utilizamos para explicar lo que sucede. Por ejemplo:

  • “Mientras vendamos, estamos bien”.
  • “Lo importante es mantener ocupada la planta”.
  • “Si aumenta el volumen, aumentará la utilidad”.
  • “Conseguir un pedido grande siempre es una buena noticia”.
  • “A un cliente importante hay que conservarlo a cualquier coste”.

Estas afirmaciones pueden parecer razonables.

El problema comienza cuando dejamos de considerarlas hipótesis que deben comprobarse y empezamos a tratarlas como verdades. Porque en ese momento dejamos de observar el territorio.

Comenzamos a observar únicamente nuestro mapa.

No vemos toda la realidad

Ninguna persona puede percibir simultáneamente toda la realidad de una empresa.

Para comprenderla seleccionamos información, establecemos relaciones y le asignamos significado.

Y ahí comienzan los problemas.

Seleccionamos

Prestamos atención a determinados datos e ignoramos otros.

Un empresario puede observar las ventas y no mirar el margen.

Puede observar el volumen de producción y no detenerse en el desperdicio.

Puede ver una planta completamente ocupada y no preguntarse si toda esa actividad está generando utilidad.

Generalizamos

Convertimos experiencias anteriores en reglas.

Si aumentar el volumen produjo buenos resultados en el pasado, podemos terminar creyendo:

“A mayor volumen, mayor rentabilidad”.

Pero una conclusión válida bajo determinadas circunstancias puede dejar de ser cierta cuando cambian los costes, los precios o la mezcla de productos.

Interpretamos

Finalmente asignamos significado a lo que observamos.

Conseguir el 100 % de la proveeduría de un producto puede interpretarse como una extraordinaria victoria comercial.

Pero si ese producto pierde dinero, aquella victoria puede convertirse en una amenaza financiera.

Por eso dos empresarios pueden observar exactamente los mismos números y llegar a conclusiones completamente diferentes.

El territorio es el mismo.

Lo que cambia es el mapa.

El problema estaba allí desde el principio

Volvamos al caso de Autopartes Ventura presentado en el primer artículo. Desde el primer año existía una señal fundamental:

Cada unidad del Producto C generaba una pérdida de 58,50 pesos. [productivi...ategia.com]

Sin embargo, aquella pérdida permanecía escondida porque las utilidades de los productos A y B eran suficientes para compensarla. [productivi...ategia.com]

El problema no apareció en el tercer año.

Tampoco comenzó cuando la empresa finalmente registró pérdidas.

El problema ya estaba allí.

Posteriormente disminuyó el volumen de los productos rentables A y B, aumentó considerablemente la participación del Producto C y los incrementos en materia prima y mano de obra superaron los aumentos de los precios de venta. [productivi...ategia.com]

El territorio estaba enviando señales. Pero el mapa utilizado por la dirección hacía que dichas señales parecieran poco importantes. La pérdida no era invisible.

Estaba oculta detrás de una interpretación equivocada del negocio.

Cuatro empresarios, una misma realidad

Imaginemos ahora que cuatro empresarios reciben exactamente el mismo informe. Los mismos números. La misma empresa. El mismo territorio. Sin embargo, cada uno observa algo diferente.

Los cuatro están observando el mismo territorio. La diferencia está en el mapa desde el que lo interpretan. El primero ve actividad. El segundo ve resultados. El tercero busca causas. El cuarto comprende el sistema.

Los números no cambiaron.

Cambió la profundidad con la que fueron interpretados.

Y al cambiar la interpretación cambiaron las preguntas.

Al cambiar las preguntas apareció información que antes permanecía oculta.

Y esa nueva información hizo posibles decisiones diferentes.

De ver actividad a comprender el sistema

Veamos qué significa realmente esta evolución.

Empresario 1: ve actividad

El primer empresario observa ventas, pedidos, producción, clientes y embarques.

Encuentra suficientes señales para sentirse tranquilo.

  • La planta trabaja.
  • Los pedidos continúan.
  • El cliente permanece.
  • Incluso ha conseguido el 100 % de la proveeduría del Producto C, algo que desde una perspectiva exclusivamente comercial podía interpretarse como una victoria. [productivi...ategia.com]

Su conclusión parece lógica:

“El negocio marcha bien”.

Aquí aparece una de las primeras trampas de la gestión:

Confundir actividad con progreso.

Una empresa puede estar extraordinariamente ocupada sin estar creando valor. Puede producir mucho, vender mucho, tener a todo el personal trabajando al límite y aun así estar destruyendo rentabilidad.

Empresario 2: ve resultados

El segundo empresario introduce otra variable, ya no pregunta solamente: “¿Cuánto vendimos?” Ahora pregunta:

“¿Cuánto ganamos?”

Y descubre algo incómodo: la facturación no cuenta toda la historia.

En el caso analizado, las ventas pasaron de 179,1 millones a 181,9 millones de pesos, mientras el resultado pasó de una utilidad de 19,8 millones a una pérdida de 785 mil pesos. [productivi...ategia.com], Ahora entiende algo que el primer empresario todavía no veía:

Vender más no significa necesariamente ganar más.

Su mapa acaba de ampliarse, pero todavía existe una limitación.

Sabe qué está ocurriendo, todavía no sabe por qué.

Empresario 3: busca las causas

Aquí se produce un cambio mucho más importante, el empresario deja de conformarse con el resultado global y empieza a descomponerlo. Ya no pregunta solamente cuánto vendió. Tampoco cuánto ganó. Ahora pregunta:

“¿Dónde estoy ganando y dónde estoy perdiendo dinero?”

Entonces aparecen otras variables:

  • coste unitario;
  • margen por producto;
  • precio de venta;
  • mezcla de productos;
  • evolución de costes;
  • participación de cada producto.

Y descubre algo que había estado delante de él desde el principio:

El Producto C ya perdía dinero desde el primer año. [productivi...ategia.com]

La pérdida global del tercer año no apareció repentinamente, fue la consecuencia de una realidad que permanecía escondida detrás de los resultados favorables de A y B. Cuando cambió la mezcla de productos y aumentó la participación de C, también aumentó la dimensión del problema. [productivi...ategia.com]

Ahora el empresario empieza a distinguir síntomas de causas económicas.

Empresario 4: comprende el sistema

Este es el cambio verdaderamente importante, hasta ahora hemos pasado por tres preguntas:

  • ¿Cuánto vendo?
  • ¿Cuánto gano?
  • ¿Dónde gano y dónde pierdo?

Pero existe una cuarta pregunta:

¿Qué está sucediendo dentro de mi empresa para que estos números se produzcan?

Aquí dejamos de hablar solamente de análisis financiero, entramos en dirección empresarial. Si aumenta el coste unitario, el director ya no se conforma con saber que aumentó, Quiere comprender por qué.

Empieza a investigar:

  • compras;
  • productividad;
  • desperdicios;
  • retrabajos;
  • tiempos muertos;
  • calidad;
  • rendimiento de materiales;
  • capacidad instalada;
  • mezcla de productos;
  • utilización de recursos;
  • diseño de los procesos.

En ese momento ocurre algo fundamental:

El empresario deja de contemplar la empresa como una colección de problemas aislados y empieza a comprenderla como un sistema.

Toda empresa recibe entradas >Las transforma mediante procesos> y genera salidas.

Los resultados financieros son, en buena medida, la manifestación final de lo que sucede dentro de ese sistema. Los números dejan entonces de ser solamente resultados. Se convierten en señales.

Y el verdadero salto de empresario a director comienza cuando dejamos de preguntarnos únicamente cuánto estamos haciendo y empezamos a comprender por qué nuestro sistema produce los resultados que produce.

Salir de la fosa no significa avanzar

Recuerdo una historia que escuché hace años en un curso de Programación Neurolingüística:

Un hombre viajaba hacia un destino determinado utilizando un mapa para orientarse, durante el camino cayó dentro de una enorme fosa. Era profunda. salir parecía casi imposible. Intentó escalar. Cayó. Lo intentó nuevamente, Volvió a fracasar. Después de innumerables intentos, utilizando los materiales que encontró a su alrededor, consiguió construir una escalera improvisada.

Con muchísimo esfuerzo finalmente salió. Había superado el obstáculo. Pero existía un problema que todavía desconocía: Había salido por el lado equivocado.

Su mapa era incorrecto. Sin saberlo, continuó caminando en una dirección que no lo acercaba a su destino. Caminó. Se esforzó. Avanzó.

Hasta que volvió a encontrarse con otro obstáculo, y después con otro. Podríamos admirar su perseverancia, podríamos elogiar su capacidad para resolver problemas, incluso podríamos considerarlo extraordinariamente eficiente porque había aprendido a superar obstáculos. Pero estaríamos analizando el problema equivocado.

Su verdadero problema nunca fue la fosa.

Su verdadero problema era la dirección.

  • Tenía capacidad.
  • Tenía voluntad.
  • Tenía experiencia.
  • Tenía incluso un mapa.
  • Pero tenía el mapa equivocado.
  • Y un mapa equivocado puede convertir un enorme esfuerzo en un enorme desperdicio.

El esfuerzo sin dirección no garantiza progreso

Esta historia representa lo que sucede en muchas organizaciones.

Trabajan intensamente.

Venden.

Producen.

Contratan.

Invierten.

Cumplen pedidos.

Resuelven crisis.

Apagan incendios.

Consiguen nuevos contratos.

Y cuando aparece una dificultad concentran todos sus recursos en superarla.

Lo consiguen.

Salen de la fosa.

Pero pocas veces se detienen a preguntar:

Después de todo este esfuerzo, ¿estamos realmente más cerca de donde queremos llegar?

Porque resolver un problema no significa necesariamente avanzar.

Una empresa puede ser extraordinariamente eficiente ejecutando una estrategia equivocada.

Puede aumentar las ventas de un producto que pierde dinero.

Puede producir más deteriorando su productividad.

Puede conseguir un contrato que destruya su margen.

Puede conservar un cliente bajo condiciones económicamente insostenibles.

Puede trabajar más y ganar menos.

El mapa de la dirección de nuestra empresa hipotética podía decir:

Mayor volumen + más ventas + mayor participación con el cliente = crecimiento.

Pero el territorio mostraba algo muy diferente:

Cada unidad adicional del Producto C ampliaba un problema que ya existía. [productivi...ategia.com]

Aquí es donde“el mapa no es el territorio” deja de ser una frase interesante.

Se convierte en una herramienta de dirección.

Empresas excelentes resolviendo los problemas que ellas mismas generan

Hay empresas que llegan incluso a sentirse orgullosas de su capacidad para resolver crisis:

Falta efectivo, consiguen financiación.

Aparece un problema de calidad, Lo corrigen.

Disminuye la rentabilidad, Reducen gastos.

Pierden clientes, El equipo comercial consigue otros.

La producción se retrasa., todos trabajan horas extraordinarias.

Y salen de la fosa.

Una vez, después otra, y posteriormente otra más. Hasta que la capacidad para apagar incendios termina confundiéndose con capacidad de dirección.

Pero el verdadero director no debería preguntarse solamente: “¿Cómo resolvemos este problema?”, tiene que formular otra pregunta:

“¿Por qué nuestro sistema continúa generándolo?”

Esa diferencia separa al solucionador de problemas del director, el primero corrige consecuencias el segundo modifica las causas que las producen.

Cuando nuestro propio mapa se convierte en el problema

Podemos dirigir una empresa durante veinte años, podemos conocer profundamente nuestros productos, tener una magnífica relación con nuestros clientes, haber superado numerosas crisis y aun así conservar un mapa equivocado.

Porque la experiencia tiene una paradoja: Nos enseña, pero también puede encerrarnos.

Cada éxito del pasado refuerza determinadas creencias:

  • “Esto siempre nos ha funcionado”.
  • “Nuestra empresa es diferente”.
  • “Nuestros clientes no aceptarían otra cosa”.
  • “Lo importante es vender”.
  • “Los problemas se resuelven trabajando más”.

Hasta que el territorio cambia y nosotros continuamos navegando con el mismo mapa. La experiencia deja entonces de ser exclusivamente una ventaja. También puede convertirse en una limitación cuando la utilizamos para defender nuestras creencias en lugar de cuestionarlas.

Entonces aparece Séneca

Existe una conocida reflexión atribuida a Séneca: “No hay viento favorable para quien no sabe a qué puerto se dirige”.

Aplicada a la empresa adquiere un significado extraordinario. El viento puede representar una oportunidad comercial.

  • Un gran pedido.
  • Un cliente importante.
  • Un nuevo contrato.
  • Un incremento de ventas.
  • Una nueva sucursal.
  • La adjudicación total de un producto.

En el caso de Autopartes Ventura, obtener el 100 % de la proveeduría del Producto C parecía una excelente noticia comercial. Sin embargo, dicho producto ya generaba pérdidas por unidad. [productivi...ategia.com]. Aquello que parecía viento favorable podía empujar a la empresa precisamente en la dirección equivocada.

El hombre de nuestra historia podía caminar más deprisa, podía construir mejores escaleras, podía adquirir más experiencia, de hecho se hizo extraordinariamente competente superando obstáculos.

Nada de eso corregía el problema fundamental: Su mapa no lo conducía hacia el destino correcto.

Exactamente lo mismo sucede en una empresa. Más ventas no significan necesariamente progreso, más producción no significa necesariamente productividad, más clientes no significan necesariamente rentabilidad, más trabajo no significa necesariamente mejores resultados.

Por eso:

El esfuerzo sin dirección puede aumentar la actividad sin acercarnos al destino.

De los números a la dirección

  • Nuestro empresario comenzó mirando ventas.
  • Después descubrió los resultados.
  • Profundizó hasta encontrar las causas económicas.
  • Finalmente comprendió que detrás de esos números existía un sistema que debía dirigir.

Su evolución puede resumirse así:

Actividad → Resultados → Causas → Sistema → Dirección

Ese recorrido representa mucho más que una mejora administrativa, representa una evolución en la forma de pensar y puede sintetizarse en tres palabras.

Claridad

La primera responsabilidad de un director es comprender la realidad. No la realidad que imagina. No la que desea encontrar. No la que funcionó hace diez años.

La que muestran los hechos.

Claridad significa distinguir:

  • ventas de rentabilidad;
  • actividad de productividad;
  • crecimiento de creación de valor;
  • síntomas de causas;
  • mapa de territorio.

Claridad es saber dónde estamos realmente.

Dirección

Una vez comprendida la realidad aparece la siguiente pregunta:

¿Dónde queremos llegar y cuál es el camino correcto?

Ya no se trata simplemente de vender más.

Se trata de decidir:

  • qué productos queremos vender;
  • cuáles debemos revisar;
  • qué márgenes necesitamos;
  • qué contratos generan valor;
  • qué procesos debemos transformar;
  • qué recursos necesitamos;
  • qué indicadores debemos observar.

Dirección significa convertir información en rumbo.

Ahora el mapa debe permitirnos pasar desde donde realmente estamos hasta donde queremos llegar.

Sólo entonces el viento comienza a ser favorable, porque ahora existe un puerto.

Impacto

Finalmente llega la acción. Porque comprender la realidad y definir el rumbo no son suficientes si nada cambia dentro de la organización, el impacto aparece cuando actuamos sobre aquello que realmente produce los resultados: procesos, costes, productividad, desperdicios, métodos de trabajo, decisiones comerciales, mezcla de productos y utilización de recursos.

Entonces los números empiezan a cambiar, no porque hayamos intentado modificar directamente el indicador, sino porque modificamos el sistema que lo genera.

Impacto significa comprobar que nuestras acciones realmente nos están acercando al destino.

Claridad. Dirección. Impacto.

Esta es la filosofía de Productividad y Estrategia Consultoría.

Claridad para comprender el territorio.

Dirección para elegir el camino correcto.

Impacto para transformar la realidad.

Porque el problema de una empresa no siempre se encuentra donde aparecen los síntomas, En ocasiones está en el mapa que utilizamos para interpretarlos.

Por eso una de las responsabilidades más difíciles de quien dirige una organización no consiste únicamente en encontrar respuestas.

Consiste en aprender a formular mejores preguntas. La empresa del primer artículo tenía números.

  • Tenía clientes.
  • Tenía producción.
  • Tenía experiencia.
  • Tenía actividad.
  • Tenía ventas.

Lo que necesitaba era observar esa misma realidad desde un mapa diferente. Porque cuando cambia el mapa comenzamos a ver cosas que siempre estuvieron delante de nosotros. Y cuando finalmente podemos verlas, podemos empezar a dirigirlas.

Conclusiones

No se trata solamente de salir de la fosa. Se trata de comprender por qué caímos, asegurarnos de salir por el lado correcto y comprobar que, después de superar el obstáculo, continuamos caminando hacia nuestro destino.

Porque:

  1. El esfuerzo sin claridad genera actividad.
  2. La claridad sin dirección no garantiza avance.
  3. La dirección correcta transforma el esfuerzo en impacto.

Una empresa puede trabajar más, vender más , producir más, resolver problemas cada vez con mayor rapidez.

Pero si utiliza un mapa equivocado, todo ese esfuerzo puede llevarla cada vez más lejos de donde realmente quiere llegar.

Primero Claridad. Después Dirección. Entonces, Impacto.

Un comentario sobre “Error de Gestión #3: Cuando el problema no es la empresa, sino el mapa con el que la diriges”

  1. GC Gerardo Cerezo dice:

    Muchas Gracias Ing. Juan Cisneros. Me ayudó el articulo a entender la realidad de mi negocio. Entender la diferencia entre el mapa y el territorio. Utilizar los procesos adecuados para que mi empresa se desarrolle bien y tenga los mejores resultados.

    Saludos cordiales.

    1. A atencionclientes dice:

      Gracias por pasar por aquí y tomarse un tiempo de lectura. Que bueno que lo encontró de utilidad. Saludos

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